Publicado: Lun 18 Dic 19:27 pm

Sólo diez minutos para pensar en el Perú

Herbert Mujica Rojas

Navidad suele ser una fiesta en que algunos gozan, sobre todo los comerciantes que venden algo más; celebración plena en remembranzas y vuelven a aparecer contornos familiares de padres, hermanos, hijos e hijas, amores y desamores, que ya no están y ciertamente es un instante para la reflexión. Yo pido, mejor sugiero, más bien imploro, ¡sólo diez minutos para pensar en el Perú!

Este, nuestro país, tiene el raro privilegio degradante de gestar rateros, ladrones, asesinos, asaltantes de dinero y también de la fe pública desde hace casi 200 años, cierto que con diplomas, preseas, homenajes que se hacen hacer y méritos de los que carecen.

Vemos cómo a diario, taifas de abogángsteres, magistrados, legisladores, funcionarios públicos, se arranchan el botín o lo ponen a mejor recaudo, ante la pasividad de quienes debían actuar con energía y contra el crimen.

¡No pudieron los delincuentes que quieren eliminar a la Junta Nacional de Justicia, engullírsela esta vez! ¡Volverán a la carga, no lo duden!

E incontinentes, inundan a la prensa “independiente” con sus declaraciones mañosas. ¡Pamplinas!

¡Sólo diez minutos para el niño que camina por las calles! ¡Sólo diez minutos por todos aquellos que no escogieron dónde nacer y no pidieron venir al mundo por la banalidad erótica de algunos irresponsables! ¡Sólo diez minutos por un país, que son muchos países a la vez, porque el peruano de Iquitos casi no tiene que ver con el de Tacna y el de Puno con el de Talara!

Amor por esos ancianos que rinden su anochecer cansado en las calles de cualquier distrito en el país. ¿Dónde están los hijos y parientes?

¡Sólo diez minutos para pensar en el Perú!

Este país está preso de pandillas que luchan canibalescamente entre sí para repartirse hilachas y despojos. En todos los órdenes los buitres carroñeros evolucionan sobre los cadáveres producto de un diseño perverso que todo lo privatiza porque hay la creencia vulgar que cuanto más exportamos más ganamos. ¿Quién o quiénes? ¿No será que cuánto más exportamos, nos encasillamos en un modelo chato que perjudica la industrialización que trae valor agregado y nos saca de un monopolio de pobreza inverso y clásico?

Y cuando la represión obsequia balazos, bombas lacrimógenas, contra hermanos y compatricios hay hienas humanas que celebran la muerte trágica de quienes protestan porque los motejan de subversivos o terroristas. ¿Cómo se puede llegar a tanta miseria?

¡Sólo diez minutos para pensar en el Perú!

¿Qué diferencia hay entre el ladrón de cascos ligeros y aquél que usa corbata y saco y regala el país vía decretos leyes o contratos de concesión tramposos a empresas insignificantes? ¡Ninguna! Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando. ¿Es posible distinguir entre el monrero que roba por placer y porque ese es su quehacer criminal y quién o quiénes montan campañas para sostener que la solución del Perú es ser sumiso a todos los imperialismos?

¡Sólo diez minutos para pensar en el Perú!

¿Es el trabajo esclavo, aquél que no se paga, una situación digna para los empleados y trabajadores que deben laborar, diez, catorce, dieciocho horas diarias por el mismo sueldo y bajo la amenaza de despido en un país donde hay escasez de empleo, algo que enorgullezca? ¿Quien cumple semejante barbaridad, es tonto o cómplice? Me atrevo a pensar que las dos cosas. Tonto porque no entiende que hay una dignidad que defender y cómplice porque su debilidad le hace preferir un estadio inferior y humillante a cuidar lo que es suyo, hijos, hijas, amores, padres y otras querencias.

¿Cuál la justicia en Perú si casi 10 ó 15 millones de peruanos saben que salen de sus casas pero nunca tienen la certeza que retornarán y tampoco si conseguirán los recursos de los oficios que se inventan?

¿Por qué una fuerza profesional con 40 mil o más efectivos en todo el Perú, no pulveriza a las pandillas armadas que siembran muertos todos los días? ¿No se puede? ¿O no se quiere?

Mientras tanto los servicios son malos o pésimos pero las cobranzas de aquellos son puntuales, con llamadas telefónicas amenazantes y abogángsteres dispuestos a arranchar porcentajes de lo que logren embargar vía los tribunales de justicia que tienen precio y cotización.

Los bancos y las entidades financieras tienen carta blanca para, con policías y jueces venales, embargar, golpear, abusar de quienes no tienen cómo defenderse ante tanto desmán.

¡En esta Navidad 2023, para tirios y troyanos, adversarios y amigos, detractores y admiradores, un abrazo fraterno pensando en el Perú, amando al Perú, procurando hacer de esta patria Madre y no madrastra de sus hijos!

¡Feliz Navidad! ¡Y no lo olvide, sólo diez minutos para pensar en el Perú!

Amén.

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